miércoles, 29 de julio de 2009

Lamentaré la putisima falta de control que siento

Aquí en Singapur ha causado mucho caos la nueva noticia que no es permitido consumir dulces ni beber agua en el metro. Lo que sucede es lo usual que siempre sucedía: un tipo comía su dulce, o bebía su agua en el tren. ¡Ups! ¡Lo pillaron! Lo dieron por culo un multo de $30. Los periódicos publican un articulo, y todos sabe de lo que se trata. ¡Aa! ¡Tengo las tetas asustada!

Todos sienten una gran injusticia, sienten enfadados, pero también, como a menudo, sienten de impotencia. Siempre pasa esto aquí en Singapur. Cuando nos jodan, lo único que nosotros Singapurenses saben qué hacer es quejar. Sí, así somos. Quejar en foros de internet, quejar en el foro de los periódicos, quejar en una programa de radio. Es por ello que sentimos de mucha impotencia en dirigir nuestra vida. El gobierno a menudo se queja (al estilo Singapurense) que los Singapurenses siempre esperan una solución del gobierno, y que no sabemos como resolver nuestras problemas por nosotros mismos, pero así es lo contradictorio: ¿qué puedemos hacer?